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¿Hambre o sed?

Tu cuerpo utiliza las mismas hormonas (grelina y leptina) para avisarte que necesita comida y agua. ¿Cómo diferenciar un estímulo de otro? lo fácil es seguir el ensayo y error:

La próxima vez que sientas hambre, bebe un vaso de agua. Espera 10 minutos y corrobora si aún necesitas alimento. 

Con el hambre nocturna es muy común! Y ves observando las pequeñas diferencias corporales entre sed y hambre. 

Meditación: Escaneo corporal

Practicarla nos ayuda a aumentar la consciencia corporal y poder así conectar mejor con las señales físicas del hambre y saciedad en el cuerpo.

 ¿Estás teniendo dificultades para incorporar la atención en las actividades cotidianas? ¿Olvidas prestar atención a lo que haces (cuando comes, cocinas, haces la compra...) y si recuerdas hacerlo, enseguida te "despistas"?  

¡Lo sabemos! los inicios son difíciles y extraños. Es como si le estuvieras pidiendo a tu cuerpo saber escribir con la mano contraria con lo que lo haces a día de hoy. Imposible.

 ¿Tienes momentos de atención fugaces? ¡SON BUENAS NOTÍCIAS! Es normal empezar por momentos de conexión y despiste. Te animamos a que practiques al menos una meditación formal, de 5 minutitos al día, con el fin de ir nutriendo esos momentos más informales del día a día.

¿Te atreves a volver a comer "a demanda"?

Ponemos en práctica hábito 5 ¡muévete!

¿Qué te parece si vamos planificando un finde en el que podamos incluir alguna actividad de movimiento? Paseo, salida a la montaña, en bici, yo quizás me apunte a una clase gratis de baile (link)… o mejor una de yoga (link)!

Si ya tienes plan para el finde, ahora pregúntate qué puedes hacer hoy para movilizar tu cuerpo.

  • Empieza añadiendo 5 minutitos más de movimiento consciente a tu día.
  • Aprovecha mini-oportunidades para moverte a lo largo del día.
  • Obsérvate antes, durante y después de moverte ¿De qué te das cuenta?
  • Elige una actividad que disfrutes y se adapte a ti.
Un poquito de humor!

Hambre emocional

Te ayudamos a diferenciar el hambre física del “hambre” emocional con la siguiente infografía:

¿Comes como si vivieras en el desierto?

Uno de los primeros libros que recomendamos en el programa Atrévete a Comer es el MONO OBESO, su autor José Enrique Campillo explica cómo era nuestro modo de comer hace 2 millones de años:  Cuenta cómo vivíamos periodos de hambruna y períodos en lo que sí había comida, la disponibilidad de energía era bastante intermitente. Además, para conseguir comida, teníamos que cazar, pescar, recolectar… ¡movernos! Vaya que teníamos primero que gastar energía para obtener energía.


¿Y cómo es esto ahora? Nuestra disponibilidad de comida es total: casas repletas de comida y comercios 24h, es decir, nada de periodos de hambruna. ¿Y cuánto nos movemos ahora para conseguir comida? pues más bien NADA, vamos en coche al super, subimos en ascensor la compra, y para comer es suficiente con abrir la nevera y meterla en el microondas. 

En el libro se explica que en esa época lejana de hambruna evolucionó un gen de ahorro energético que les permitió sobrevivir a nuestros antepasados. Precisamente las personas que tenemos más facilidad para engordar en realidad tenemos un plus que nos permite durar más en los períodos de hambruna, nos hemos desarrollado más porque cuando comemos nuestro cuerpo dice voy a preservar, a guardar la máxima energía posible para cuando no haya. Nuestro organismo está diseñado biológicamente para que ante la menos comida posible sacarle el máximo de energía, por si acaso un día no podemos comer. Tenemos una parte del cerebro, el cerebro del mono paleolítico, que su objetivo tiene que ver con la supervivencia de la especie, cuya misión es ahorrar el máximo de energía posible. Así estamos predestinados y hechos. 


Todo esto hace que cuando veamos comida en la mesa sigamos teniendo ganas de comerla a pesar de estar saciados, la vista dice que aquí hay comida y el cerebro primitivo te dice que comas, que no sabe cuándo volverá a comer. Alguna vez te has dicho eso de “como porque luego no sé cuándo voy a volver a comer”. Como si estuviéramos en medio del desierto y no hubiera nada nada de comida. Pero no nos va a pasar nada, porque en realidad, toda esta energía extra que llevamos alrededor de las caderas o la barriga está reservada para eso. Dentro de nosotros sigue estando el cerebro primitivo perteneciente al cuerpo de hace 2 millones de años, y seguimos teniendo los avisos de:

- ¡cuidado la comida es importante!!!

- ¡no puedo saltarme una comida, es malísimo!!!

- ¡me muero si no como en 4 horas!

- ¡no puedo irme a dormir sin cenar

Efectivamente está bien darnos energía con regularidad y no abandonarnos, pero antes de forzarnos a comer ¿por qué no escuchamos nuestro organismos? a ver si efectivamente está pasando hambre, si necesita más energía o solo son esos avisos primitivos.  

Bien, ahora que sabemos que el mono que llevamos dentro siempre que vea comida va a querer comer… podemos observarlo, aceptarlo y simplemente no obedecerle… recuerda que ahora vivimos en la ABUNDANCIA.

¿Interesante verdad? si os apetece conocer más de Dr. Campillo os dejamos una conferencia suya.


Maria Pilar Casanova

 

ACTIVIDAD CLAVE

Si solo pudieras hacer una actividad esta semana, te lo ponemos fácil, quédate con ésta: 

Antes de comer, conecta con las necesidades reales de tu cuerpo y no con el deseo de tu mente, pregúntate 

¿Me comería una manzana*? 

*Puedes cambiar manzana por cualquier fruta o verdura...

¿Fácil no???  Es una pista rápida para saber diferenciar hambre de verdad (física) o es otra cosa (ansiedad, impulso, emociones, creencias...).  ¡Y luego puedes comer lo que elijas (si quieres comer)! Pero, ahora, con más consciencia ;)